Periódico de Izcalli

Ciencia y Tecnología

¿Por qué nos afecta un viaje largo en avión?

El sueño letárgico y la pesadez, se conocen como «Jet lag»

Los cambios de zonas horarias, pueden afectar el ritmo de nuestro «reloj central» y provocarnos malestar.

Los humanos adquirimos la capacidad de saltarnos zonas horarias hace pocas décadas y aún no hemos encontrado la forma de adaptarnos.

Si alguna vez has estado en un largo viaje en avión, has podido comprobarlo y estás familiarizado con el cansancio y la confusión que se presenta una vez que llegas a tu destino. Este sueño letárgico y la condición de pesadez se denominan “jet lag”, y es común en los viajeros que se están adaptando a nuevas zonas horarias. Conoce más sobre este efecto y por qué nos afecta un largo viaje en avión.

El Jet lag es el resultado de interrupciones en los ritmos circadianos conocido comúnmente como el «reloj biológico del organismo», el cual funciona en un horario promedio de 24 horas y controla el sueño, digamos que es un «reloj central» en nuestro cerebro que es sensible a nuestra exposición a la luz y coordina todos los demás relojes de los órganos y tejidos. Y es responsable de la vigilia y una serie de otros procesos fisiológicos, incluyendo el hambre, la digestión, los movimientos intestinales, la presión arterial y la temperatura corporal.

Estos «relojes» son controlados por la hormona melatonina, producida por el reloj central cuando oscurece para que sintamos somnolencia y para controlar nuestra temperatura corporal mientras dormimos.

Los cambios en el ambiente, particularmente los cambios repentinos a la exposición de la luz cuando viajamos a través de las zonas horarias, y la temperatura cuando nos exponemos drásticamente a otros climas, pueden afectar dramáticamente estos ritmos, causando estragos en la mente y el cuerpo, para usar un término técnico, hay un «desfase». Entonces, a cada reloj le toma un tiempo distinto volver a calibrarse, y por eso es que nos sentimos tan mal.

A la mayoría de las personas les lleva unos días ajustarse por completo, dependiendo no sólo de la cantidad de franjas horarias que cruzaron, sino también de la dirección en la que viajaron. Resulta más problemático viajar hacia el este, debido a la forma en que funciona nuestro reloj biológico.

A medida que este reloj sobrepasa el periodo de 24 horas, nuestro cuerpo lo compensa restando un poco cada día hasta que se sincroniza con el ciclo de luz habitual.

Si se viaja hacia el oeste, se ganan horas y, por lo tanto, el cuerpo tiene tiempo adicional para hacer estos ajustes. En cambio, hacia el este los días se acortan y la adaptación se hace más difícil.

Los ambientes presurizados de los aviones también pueden contribuir al jet lag. Ciertamente, las cabinas de los aviones contienen un montón de oxígeno para los pasajeros, sin embargo, la presión barométrica dentro de un avión es muy baja, lo que significa que el torrente sanguíneo deja de percibir entre el 5 y el 20 por ciento de oxígeno. Tener menos oxígeno fluyendo a los órganos vitales puede proporcionar una sensación de lentitud y un efecto de deshidratación, exacerbando la sensación de sueño.

Aunque no se puede controlar la cantidad de oxígeno en las cabinas de los aviones o las interrupciones importantes en el reloj biológico del cuerpo, hay otros factores que sí se pueden controlar. Por ejemplo, mantenerse hidratado a lo largo de un vuelo puede ayudar a reducir los efectos de somnolencia y de dolor de cabeza, así como dormir lo suficiente en los días previos al viaje.

Pero entonces, ¿es posible engañar a nuestros relojes biológicos? «Hasta ahora, no existe una cura milagrosa para el jet lag», sostiene Horacio de la Iglesia, profesor de biología de la Universidad de Washington.

«Tradicionalmente, la mejor solución es una combinación de estrategias, tales como restringir durante cierto horario la exposición a la luz, los descansos, las comidas y actividades como caminar o correr con pequeñas dosis de la hormona melatonina», dice. Sin embargo el uso de melatonina tiene sus restricciones, incluyendo la disponibilidad, ya que no se encuentra en todos los países ni lo puede usar cualquier tipo de persona. Siempre es importante consultar con su médico respecto a su uso.

También puede que haya maneras de ajustar el reloj biológico sin fármacos. Los investigadores dicen que probablemente sea más sencillo para los viajeros que dividan su día en dos partes, una en la que intenten recibir la mayor cantidad posible de luz y otra en la que traten de permanecer en la oscuridad, básicamente los períodos de amanecer y atardecer.

Tratar de evitar las comidas pesadas, el alcohol y la cafeína durante el viaje, también es una forma de contrarrestar los efectos del jet lag, ya que éstos tienden a hacer más difícil la digestión y el descanso. Al llegar al lugar de destino, es recomendable exponerse un buen tiempo a la luz del sol, este efecto ayudará al cuerpo a reajustar el reloj interno, haciendo que sea más fácil superar el desfase del horario.

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